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Artículo del president Montilla: “¿Y después del 25 de noviembre?”

“Hay que poner al día el Estado de las autonomías. Ha sido últil, pero hay que dar un paso adelante y abordar una reforma constitucional que requerirá el trabajo de todos para construir el necesario consenso”.

La masiva manifestación de la Diada ha expresado un malestar que tiene fundamentos diversos: los cambios generacionales y demográficos de fondo que se han dado en la sociedad catalana y el progresivo empobrecimiento de las clases medias que crea un caldo de cultivo para las soluciones milagreras o populistas, entre otros. Y la decisión del president Mas de disolver precipitadamente el Parlament ha acelerado el debate político sobre el encaje de Cataluña en España en un momento en que la crisis económica afecta duramente a nuestra sociedad.

Ha llovido mucho desde que aprobamos, mediante referéndum popular, la Constitución. A lo largo de estos casi 34 años de andadura hemos construido un complejo modelo territorial que ha permitido, a Cataluña y al resto de territorios de España, avances indudables. Este largo periodo democrático constituye un activo que, a pesar de todos los problemas y contradicciones, no debemos olvidar. Nada es inmutable, cierto. Pero los cambios necesarios que democráticamente debamos impulsar han de considerar con inteligencia los beneficios colectivos que hemos acumulado.

El autogobierno que Cataluña ha alcanzado en este marco es indiscutiblemente el mayor de toda su historia. Cataluña es hoy una nación dotada de estructuras de gobierno homologables a las de un Estado federal, por el nivel de competencias asumido, pero mejorable en lo referente a la distribución de los recursos fiscales y también en lo referente a la participación en las políticas comunes del conjunto del Estado español.

Por ello seguimos teniendo problemas muy serios de encaje. Problemas de fondo, a los que me referí cuando hablaba del riesgo de “desafección” y que la sentencia del TC sobre el Estatut no ha hecho más que acrecentar. Esos problemas no pueden ser menospreciados, pensando que lo que ahora ocurre no es más que un calentón electoral de los nacionalistas. Es preciso que desde Cataluña y desde el conjunto de España acertemos en definir esos problemas para encontrar para cada uno de ellos la solución más adecuada. A ello no ayuda ni la torpeza de los que amparándose en la crisis desean un retroceso, ni la irresponsabilidad de los que respondiendo a un enojo justificado proponen atajos de dudosa aplicación.

Continúa…

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