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Los Problemas De Nuestro Autogobierno, Son Reales Y Persisten

Los problemas de nuestro autogobierno, son reales y persisten

[Extracto de la intervención en el Círculo del Liceo, 11.03.2021]

Nada se podrá solucionar si no hay un mínimo de elementos de diagnosis compartidos. El primero de todos es que los problemas del autogobierno de Catalunya son reales. Y que además son percibidos así por la mayoría de la ciudadanía de Catalunya. No se puede ningunear la cuestión con una actitud displicente diciendo que todo es un soufflé y que el tiempo ya rebajará su conflictividad. Ni se puede considerar, tampoco, que estamos pura y simplemente ante problemas de orden público o de cumplimiento de la legalidad. No solo es eso.

Creo que mi compromiso de respeto del Estado de Derecho como principio es y ha sido claro. Precisamente por eso puedo decir que no basta con esta exigencia que es condición indispensable pero no suficiente.

España tiene un problema en relación con su articulación territorial que, desde el inicio de la gestión de la pandemia se ha hecho todavía más evidente. Como he dicho en otras ocasiones, necesita reformas. Que son complejas y que requieren construir grandes consensos. Pero que son posibles si en lugar de instalarnos en el conflicto buscamos acuerdos y alianzas.

Uno de los aspectos que hay que mejorar es cómo se determinan las competencias entre los diferentes niveles de administración. Necesitamos una mejor concreción que ayude a clarificar las responsabilidades de cada cual y haga innecesario el recurso permanente al Tribunal Constitucional.

También necesitamos que se definan con más claridad los principios básicos en el sistema de financiación de las CCAA como son: la solidaridad territorial sostenida por todos los territorios; la garantía de que las CCAA que contribuyen a esta solidaridad no obtienen al final menos recursos que las CCAA receptoras y, finalmente, la autonomía financiera de las CCAA en el ámbito de los ingresos, para asegurar la corresponsabilidad fiscal.

En tercer lugar, nos conviene disponer de un Senado federal, órgano de representación territorial que facilite la participación de las CCAA en las grandes decisiones estatales y la adopción de acuerdos de colaboración entre las CCAA y entre ellas y el Estado. Es decir, un espacio compartido entre el gobierno central y los de las Comunidades donde construir los consensos estatales necesarios para hacer funcionar el Estado.

Más concretamente, y en referencia en Catalunya, hace falta que estas reformas reconozcan su carácter nacional, sin que esto ponga en entredicho la soberanía nacional que recae en el conjunto de los españoles. Reconocimiento que debe significar un especial respeto para el ejercicio de las competencias en educación, lengua y cultura.

Solo las enumero para evitar alargarme.

Pero quiero insistir que esta no es “una pantalla pasada”. Al contrario, esta es la pantalla que hay que abrir y superar. Para hacerlo debe haber disponibilidad tanto en el gobierno de España como en el gobierno de Catalunya.

Encarar el camino de las reformas territoriales solo se puede hacer desde la cooperación y el consenso. Y aceptando, en Catalunya y en el conjunto de España, que nadie tiene el monopolio de la identidad, ni de la catalana, ni de la española. Que hay muchas maneras de sentirse catalán, como muchas maneras de sentirse español.

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